jueves 31 de enero de 2008

El piano



Aquel día decidió sentarse al piano que tantas veces le había alegrado el día, aquel que parecía el único capaz de rendirse a sus caricias, recompensándola por ellas con una dulce melodía. Tras años de clases de piano era ya una experta, pero algo había frenado su pasión por el piano y por la música en general...Ahora se sentía preparada para retomar esa vocación casi innata, pero una vez más al sentarse en la banqueta su corazón empezaba a latir con más fuerza, recordando momentos pasados que se agolpaban en su mente.
Sin embargo, su curiosidad por esas notas, por volver a escuchar esa dulce melodía la obligaban a intentar seguir adelante, luchando contra los recuerdos que la invadían cada vez que intentaba simplemente rozar las teclas.
Cerró los ojos intentando contenerse, pero las lágrimas acababan saliendo siempre. No lograba olvidar su voz, aquella cálida voz que acompañaba a la dulce melodía. Una simbiosis perfecta que parecía imposible de romper. Abrió los ojos y miró el reloj que había enfrente del piano. Las 6 en punto. La hora a la que solían empezar sus ensayos, la hora que ambos ansiaban desde el primer día. Una voz y un piano, un hombre y una mujer, una melodía perfecta que invadía siempre la habitación, una especie de aroma intenso que flotaba como si de una hoja impulsada por el viento se tratara...
¿Qué quedaba de todo aquel tiempo, de aquella maravillosa voz, de aquel hombre que consiguió cautivarla? Recuerdos, simplemente recuerdos de tiempos mejores...De un tiempo en el que las notas musicales eran sólo un complemento a su felicidad...Una manera de adornar su vida, que tras la marcha de su chico se convirtió en un sentimiento demasiado fuerte al que no era capaz de enfrentarse. Pero el día había llegado, sabía que era hora de superar todo el sufrimiento, de hacer caso omiso a las lágrimas que le impedían leer con claridad la partitura que tenía delante de sus ojos. Apartando de su cabeza los tristes pensamientos que la perseguían, acercó un poco más la banqueta al piano y empezó a tocar aquella famosa melodía que años atrás ese chico de voz profunda y corazón de oro había cantado con el mismo sentimiento con que ella le miraba a los ojos cuando estaban a solas.
Embargada por estos recuerdos y sentimientos, comenzó a acariciar las teclas con dulzura, y comenzó el piano a emitir aquella triste y nostálgica melodia que un día cantada por una voz, la hizo sentir la mujer más feliz sobre la faz de la Tierra.

lunes 3 de diciembre de 2007

Always on my mind, always in my heart...:)


Hay personas que nos marcarán de por vida, personas que pase lo que pase sabemos que jamás olvidaremos, porque nos han dado más de lo que posiblemente ell@s mism@s se imaginan... Gente a la que realmente apreciamos, a los que estamos unidos de algún modo que ni siquiera entendemos...Una especie de conexión, un lazo que nos une profundamente y de una forma muy especial, que nos hace sentirnos identificados, sentir que hemos encontrado a alguien que nos entiende de verdad. Tantas cosas en común, tantos momentos compartidos, realmente difíciles de olvidar.
¿Cuántas veces hemos buscado a alguien en quien confiar al 100%, con quien compartir nuestros pensamientos sin temor a que nos juzguen, a no ser entendidos correctamente? Seguramente muchas. Nos pasamos la vida buscando personitas así, de esas que son únicas, con las que no tropiezas todos los días. Pero, ¿realmente cuántas veces hemos conseguido encontrarlas? Quien haya sido capaz de encontrar a alguien así puede considerarse un/a auténtic@ afortunad@, pues habrá conseguido un tesoro verdaderamente valioso que, si sabe conservar, durará de por vida, dejando una huella imborrable en lo más profundo de su alma.
Transparencia, confianza, comprensión... Pequeñas píldoras que nos ayudan a encontrar esos tesoros, pero que no garantizan nada, si no hay algo más, un interés mútuo que ayude a construir esa fortaleza que ayude a superarlo todo, a hacernos más fuertes en las adversidades y a disfrutar más de las cosas buenas.
¿El secreto? Encontrar a las personas adecuadas, afines a nosotros, y esto sí que no tiene explicación...¿Qué extraña fuerza nos hace contarle a nuestr@s verdader@s amig@s esos secretos que somos incapaces de confesarle al resto de la gente, por muy bien que nos caigan? ¿Por qué hay algo que nos empuja a actuar de manera especial con ell@s, sin temor ninguno a lo que nos puedan responder? Preguntas y más preguntas, todas ellas sin respuesta...
¿Por qué buscarle sentido a todo? A veces es más bonito si no tiene lógica. Al fin y al cabo, ¿qué más da? Lo que importa realmente es ese apoyo incondicional que sabemos que tenemos en ciertas personas,que nos da seguridad y nos anima constantemente.
GRACIAS POR TODO

domingo 4 de noviembre de 2007

Felicidad eterna



Siempre pensó que la felicidad no existía, o, al menos, que resultaba imposible que fuera eterna. Era una utopía sencilla de imaginar, una vida que te llena, en la que no existen los problemas, en la que todo el mundo es fantástico, la perfección hecha realidad.
Sin embargo, con el paso del tiempo fue dándose cuenta de que la felicidad la había tenido siempre muy cerquita, e incluso tenía figura humana. Siempre vivió de espaldas a él, su presencia estaba ahí, pero en ningun momento se había planteado tenerle a su lado como algo más, como la persona con la que compartir el resto de sus días. ¿Cómo había sido tan tonta de no darse cuenta de lo que tenía enfrente de sus narices hasta ahora? Soñando con amores imposibles y platónicos, y de espaldas a la realidad. Aquel chico con el que había compartido tantos momentos, tantas cosas, tantas alegrías y tristezas, aquel chico que la amaba casi desde el principio de los tiempos, permanecía a su lado siempre sin que ella apenas le sintiese. Sigilosamente, se había ido colando en su corazón, y ella no se había dado cuenta hasta ahora.
Descolgó el teléfono con el corazón desbocado por la emoción, dispuesta a invitarle a un café. Ya era hora de empezar a ser felices. Una voz al otro lado respondió, tras haber visto el número de ella:
-Hola preciosa.
Ella casi sintió desfallecer de emoción y de amor.
-Hola. ¿Te parece que te invite a un café esta tarde? A las 7, donde siempre. Necesito verte más que nunca.
-Vale, perfecto, pero...¿Sucede algo?
-Luego hablamos. Un beso, mi amor.
¿Mi amor? ¿Había dicho mi amor? Casi asustada al oír su propia voz, al escucharse pronunciando esas palabras que nunca jamás había dicho a otra persona, colgó apresuradamente. Al otro lado del teléfono, un chico con una sonrisa imposible de borrar de su rostro permanecía boquiabierto intentando asimilar lo que acababa de oír.
Ella comenzó a vestirse con sus mejores galas, no quería que nada fallara, que nada estropease su momento de gloria. Al mismo tiempo, él hacía lo mismo, con los nervios a flor de piel. No podía creerlo, ¿sería real? Las palabras de ella parecían claras por teléfono.
A las 7 en punto llegaron los dos al punto de encuentro, el mismo sitio donde tantas veces habían quedado, donde tantas historias habían compartido, donde tantos besos habría deseado él poder robarle a ella. Al fin, la espera parece que daba sus frutos.
Ella estaba más radiante que nunca, con mucha diferencia, con aquel vestido que parecía sacado de una película, y lo mismo pensó ella de él. Al cruzarse sus miradas, ambos supieron que estaban hechos el uno para el otro. En realidad, lo supieron desde hacía tiempo, pero ella no había querido darse cuenta hasta ahora. Había llegado su momento,los planetas estaban alineados para que su felicidad fuera eterna. Dos corazones unidos desde el principio de los tiempos, que sellaban esa unión con el beso más bonito y apasionado que jamás habían dado.
Al fin, empezaba su felicidad, una felicidad que prometía ser eterna. Un amor duradero, que llegaría hasta el fin de los tiempos.

viernes 28 de septiembre de 2007

Sólo tú

Ahora más que nunca, cada cosa que hago, la hago pensando en tí. Me persigues sin cesar, como si no quisieras que yo hiciera una sola cosa sin tí. En cada paso que doy,en cada movimiento que hago, en cada sitio que voy apareces tú. Una y otra vez, sin cesar, como si de un círculo vicioso se tratase, te recreas en mi mente irremediablemente. Tú, tú, solo tú. Tú una y otra vez. Tu sonrisa, tus gestos, tus palabras repitiéndose en mi mente una y otra vez como si de un eco se tratase...
Es hora de marcharme. Me visto, cojo las llaves y me dispongo a salir a la calle, pero al pasar por delante del buzón veo un sobre que parece estar escrito a mano, con una rosa blanca al lado. Tú, sólo tú podrías ser capaz de enviarme algo así, no es necesario leer quién es el remitente, de hecho casi ni es necesario leer la carta, pues todo lo que en ella pone se corresponde con lo que yo siento, como si fueses capaz de leer mi mente y de entrar en mi corazón, de sentir lo que yo siento. ¿Cómo es posible conseguir eso? No tiene explicación, lo sé... Lo único que sé es que sólo tú lo consigues.
Con el sobre en una mano y la rosa en la otra, decido volver a casa para poder disfrutar de la carta, una carta tan bonita que sé que sólo tú podías haber escrito. Me siento en el sillón y abro el sobre, apretando la rosa contra mi pecho, como si esa fuera la manera de sentirte más cerca. Con la mano temblorosa, consigo abrir la carta, la más bonita que jamás he recibido. En cada trazo, en cada frase hay un poco de tí y un poco de mí, como si cada uno de esos trazos fuera un lazo capaz de unirnos eternamente. Podría pasarme horas y horas leyendo lo mismo, imaginándote en tu escritorio escribiendo tan preciosas palabras. De nuevo se me nubla la mente, el mundo que me rodea desaparece y vuelves a aparecer tú. Sólo tú. Algo me despierta de mi letargo, o más bien alguien, justo cuando estaba a punto de aprenderme toda la carta de memoria de tantas veces leerla. Alguien me roza el pelo por detrás, susurrándome al oído. Son las mismas palabras que las de la carta, pero esta vez más cercanas, pronunciadas por tí. Podría seguir yo misma recitándola, pero prefiero esas palabras de tu cálida voz.
Cierro los ojos siguiendo tus indicaciones, dejándome llevar igual que una hoja mecida por el viento y al instante siento el roce de tus labios con los míos, una fusión tan perfecta que sé que sólo tú podrías llevar a cabo. Estoy convencida de que nadie es capaz de amarme así. SÓLO TÚ.

miércoles 19 de septiembre de 2007

Volando hacia la libertad...


Desde lo más alto de la colina puedo divisar toda la ciudad. Sus edificios, sus gentes, y un murmullo constante que parece no cesar nunca. Siempre hay algo en movimiento,tanto exteriormente como interiormente. ¿Qué sentirá toda esa gente ahí abajo? Debe ser una especie de cárcel sin rejas, un espacio demasiado pequeño para mí... Nunca podría soportarlo, yo no estoy hecha para esa forma de vida... Pero los humanos son distintos, ellos deben acostumbrarse a un mundo con cadenas, a depender de alguien, no solo en el trabajo, donde suele haber una jerarquía, si no también a nivel emocional. ¿Quién no ha sentido alguna vez esa dependencia afectiva hacia otra persona, ya sea padre, madre o alguien a quien de verdad amas? Puedo intentar entender los sentimientos humanos, pero no los comparto. Los animales somos diferentes, solo dependemos de la comida y poco más, pero no estamos atados a nadie. Nuestra libertad es mucho más amplia, aunque esto también nos priva de sentir ciertas cosas que los humanos llaman "bonitas". Ellos siempre hablando del amor, cuando yo nunca entendí lo que era exactamente... ¡No lo entienden ni ellos, como para entenderlo yo! ¿Un sentimiento? ¿Una ilusión? ¿Un capricho? Preguntas y más preguntas sin respuesta... Dudo que alguien las resuelva algún día. Dudo que algún ser humano no se haya preguntado esto a lo largo de su vida. Dudo que ellos puedan aguantar sin mi libertad, y dudo que los animales podamos resisitirnos a eso que la humanidad llama "amor". Quizá algún día esto se de la vuelta, quizá si ellos pudieran volar como nosotros y nosotros sentir como ellos, nos entenderíamos mucho mejor. Somos tan diferentes, pero a la vez tan iguales...
Por el momento, extenderé mis alas y sobrevolaré la ciudad haciaotros sitios... Quizá conocer mundo me ayude a descubrir un poco mejor a la humanidad. Aunque si no se entienden ni ellos, dudo que yo lo consiga...Hasta entonces, volaré hacia la libertad, mi gran aliada.

miércoles 29 de agosto de 2007

Una inyección de optimismo

Mi entrada de hoy está pensada para aportar un poco de optimismo, y alegraros el día si puede ser. Aquí os dejo este vídeo que he encontrado en Youtube, a ver qué os parece. No creo que necesite mayor explicación.Un beso a todos.

viernes 24 de agosto de 2007

Madrugadas sin tí


Ahora veo las cosas de otro color, de otra manera. Sin tí, todo ha cambiado. Mi mundo está más vacío, mis días son más largos, y mis madrugadas eternas. Echo de menos tu rostro, tu pelo, tus manos, tu cuerpo.Sentirte cerca, muy cerca. En lo más profundo de mi ser comprendo que sigues estando en mi corazón. Pero te echo de menos a tí, tu presencia.
Sin tus besos, sin tus caricias, sin tus dulces susurros al amanecer no soy la misma de antes. Soy alguien más triste, una persona que vaga sin rumbo, sólo esperando que todo esto no sea verdad, esperando algún día salir de la horrible pesadilla de tu ausencia.
Anhelo el día en que me despierte y te descubra acurrucado a mi lado, mirándome con esos ojos azules como el mar, moviendo tus labios al son de un "Te quiero". Pero en el fondo sé que ese día nunca llegará. No, no puedo hacerme ilusiones.No debo. Te fuiste, y te fuiste para siempre. No hay remedio. Sin embargo, me cuesta comprender que alguien tan lleno de vida se pudiera marchar. He de aprender que la razón no alcanza a entender ciertas cosas, simplemente tengo que asumir lo que viene. Pero no puedo. La tristeza me embarga cada vez pienso en la última vez que te ví. Tumbado en la cama del hospital, rodeado de cables, yo te suplicaba que no te fueras, que no me dejaras. Tu expresión me lo decía todo, no hacían falta palabras. Estabas luchando por seguir adelante, por estar junto a mí, junto a los tuyos. Te aferrabas a la vida con todas tus fuerzas, pero éstas no fueron suficientes. En el último momento, justo antes de que expiraras, me pareció que intentabas susurrarme algo. Creo que era un "Te quiero", aunque tal vez fuera fruto de mi imaginación. Estaba demasiado embargada por la tristeza y la desesperación para poder ver con claridad.
Con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que sin tí no soy ni la mitad de lo que era antes. Pero en realidad tú no te has ido. Siempre vivirás en mi recuerdo, y sé que eso es un tesoro sagrado que nadie jamás me podrá quitar. Aunque sea dura la vida sin tí, siempre te estaré recordando, rindiéndote tributo como sólo tú te mereces. Nunca nadie podrá borrarte de mi memoria, y sé que desde donde estés, me ayudas a seguir hacia delante, caminando hacia el futuro. Un futuro incierto todavía, empañado por la tristeza, pero un futuro al fin y al cabo.
Gracias por todo.